Una máquina sin nombre despierta.
No fabrica objetos: transforma ideas. A través de rampas, impulsos y movimientos precisos, el pensamiento se vuelve materia. El proceso avanza, inexorable, hasta que una caja regalo aparece al final del recorrido. Tiembla, cae… y se abre.
Y entre ellas emergen esferas negras, pesadas, inevitables: el cansancio, la duda, el miedo, la ansiedad, el ruido interno que acompaña a todo acto creativo.
La animación es un retrato del proceso creativo en su totalidad: luz y sombra, éxito y desgaste, belleza y conflicto. Porque crear no es solo producir resultados, sino atravesar todo aquello que no se ve.